Alberto Massi, el último que le ganó a Monzón

Por Nicolás Ghigonetto

En la década del ´60, en Rio Cuarto, vivió uno de los boxeadores más aguerridos y osados de una época en la que no escaseaban boxeadores aguerridos y osados. Se llama Alberto Massi y su nombre, junto al de otros guerreros como Aguilar, Cambeiro, Selpa, Salinas, Severino, etcétera, es menos recordado en nuestro tiempo que el de Carlos Monzón. No por su falta de valor ni mérito sino porque el tamaño del esplendor boxístico de ese momento y, en particular, del campeón mundial, eclipsaron algunos detalles la memoria colectiva.

Pirincho, así lo apodaron de chico, vive en una casa del barrio Alberdi desde hace muchos años. Acompañado de dos perros, el trino de los pajaritos, su mujer, su hermano menor y una vecina, pasa las horas de la vejez de una manera amena. Bajo una parra me espera con dos reposeras azules y el mate con yuyitos sobre un banco.

Apenas me siento, me advierte “A mí, contame la verdad. Porque hay muchos que vienen y mienten”. Tras quedar un poco temeroso ante la expresión, le cuento que mi interés es el de charlar un poco sobre su vida y preparar una o dos notas periodísticas con el sólo objetivo de dar a conocer la historia de alguien que escribió una página importante del boxeo argentino.

El comienzo

Por herencia de su padre, Massi adquirió el gusto por los encordados en su tierra natal, Concarán, San Luis. Hizo sus primeras peleas como amateur y, por decisión propia, se fue a la marina a la Isla Martín García. Tras seis meses, obtuvo una licencia que le permitió regresar a sus pagos y decidir si continuaba o no con la disciplina militar. “Pero yo no fui ni bosta, viste cómo son los milicos, te tienen cagando”, me dice y larga una risa que me hace cómplice.

Antes de llegar al profesionalismo, disputó un campeonato interino de las fuerzas armadas y un campeonato argentino, en el que salió sub campeón tras perder nada más ni nada menos que contra Osvaldo Marino, un joven que, en esa época, pintaba para mucho y logró pelear contra Monzón, Castellini, Aguilar, entre otros.

Entre mate y mate evoca a su padre y a su hermano mayor, Aldo Massi, boxeador profesional, quienes lo condujeron por motivos extra pugilísticos a vivir en Rio Cuarto. Con Aldo “siempre hemos estado cerquita de las estrellas, viste”, se jacta con más orgullo que melancolía.

Con los primeros pasos realizados, fue a la federación de boxeo a hacer los trámites para ingresar en el profesionalismo, le exigieron 33 peleas amateur y, para alcanzar el requisito, hizo 13 combates en un año.

Su debut profesional llegó el 11/09/1964 frente a Miguel Juan Carranza en el Córdoba Sport Club de la ciudad capitalina con un nocaut que le aseguró la victoria en el décimo asalto.

Monzón, una página de su historia

Entendidos y no tanto, cuando hablan de Massi en la historia de Monzón, dicen que éste, por ese entonces, se encontraba formando su físico, con una técnica no desarrollada y un Amilcar Brusa que no lo acompañaba a todas las actuaciones. Pero lo cierto es que para el 09/10/1964 (fecha de la primera pelea), el futuro campeón mundial acumulaba un año en el profesionalismo, 16 ganadas, 1 sin decisión, 2 perdidas y, al decir de Massi, “toda la vida fue bueno, pegaba fuertísimo, era una bestia, un animal, un bruto, te agarraba distancia y te pegaba”.

Cuatro veces se vieron la cara en el cuadrilátero. La primera, conocida como la última derrota de Monzón, terminó en las tarjetas tras un duro combate. La receta de Massi consistió en, por un lado, moverse hacia la izquierda para dejar su mano derecha lo más lejos posible ya que se había dado cuenta que el fuerte del de Barranquita era lanzar una combinación de dos jabs y un recto letal y, por otro lado, encimarlo todo el tiempo para no dejar que domine la distancia.

“Cuando peleamos la primera vez te lo juro por dios me dijo delante de todos ´nunca más peleo con este petiso hijo de puta, no peleo más, nunca más con vos´ y peleamos 4 veces”.

La segunda, dos años después, el 02/12/1966, en Santa Fe, la balanza se inclinó a favor del futuro campeón mundial. Éste ostentaba una marca de 32 victorias, 3 perdidas y 6 empates mientras que Massi, 17 victorias, 8 derrotas y 2 empates. El combate fue muy parejo, con un “Pirincho”, otra vez, encimándolo todo el tiempo y un Monzón que buscaba tomar distancia o ir al clinch. Como consecuencia de la presión, Massi se pasó de largo y cayó afuera del ring, una de sus rodillas dio contra un caballete y se lastimó. Cuando intentó volver, el árbitro ya había contado “los diez” y la pelea concluyó en nocaut. Antes los rings eran mucho más precarios que ahora y las sogas no estaban demasiado firmes, cosa que hacía más común la posibilidad de salir afuera del perímetro de pelea.

Dos meses después, la tercera contienda definitoria se acordó en la ciudad de San Francisco. Ámbos llegaron con una marca parecida a la anterior pelea, Massi apenas hizo un combate en el medio, en Mar del Plata, ante nada más y nada menos que Andrés Antonio Selpa, el boxeador/poeta tan recordado por sus disputas contra Eduardo Lausse; y Monzón logró hacer tres peleas de las que salió airoso en todas por la vía rápida, entre ellas, una ante Carlos Salinas. Nuevamente la diputa se convirtió en una batalla encarnizada y las tarjetas lo vieron, al ya campeón argentino, ganador. “Con Monzón siempre fueron peleas duras, sí, siempre duras, porque era un tipo que no le gustaba perder, pero, te digo, una sola vez salí con un ojo morado”, testimonia sobre su tercer enfrentamiento.

La lógica actual del boxeo dice que muy raras veces se dan revanchas, la bolsa tiene que ser muy abultada y la conveniencia del campeón también, pero, claro, hay excepciones: Pacquiao hizo cuatro ante Márquez recientemente y en los gloriosos años 60 del boxeo argentino, la acumulación de peleas entre los mismos luchadores era moneda corriente. Tal es así que tanto Massi como Monzón pelearon en cuatro ocasiones contra Antonio Aguilar, Monzón cuatro contra Salinas, tres con Severino, Emilio Alé Alí y Ángel Alberto Coria   y Massi dos con Salinas, dos con Selpa, dos con Marino, etc. La cuestión es que en el año 68, ahora en Córdoba, se da la cuarta y última pelea. Monzón, en ese interín, se coronó campeón sudamericano mediano, ganó 11 peleas, empató 2 y no agregó derrotas, mientras que Massi se impuso frente a José Roberto Chirino, empató con Osvaldo Marino y cayó siete veces contra, entre otros, Selpa, Aguilar, y Avenamar Peralta.

A la pelea la ganó Monzón, por puntos, en diez asaltos y fue la previa de un futuro exitoso que le estaba esperando al nacido en Santa Fe; lo que vino es conocido por todos, una seguidilla de boxeadores extranjeros que Lectoure trajo al país para darle “vuelo”, su primera corona mundial, en 1970, ante Nino Benvenutti y 14 defensas de título.

  • Yo te voy a explicar una cosa, ¿vos sabés por qué lo hicieron pelear 4 veces a monzón conmigo? – Me dice Massi moviendo el cuerpo para revelarme un secreto.
  • ¿Por qué?
  • Porque nunca me ganó bien, una sola vez me ganó bien, creo que la última vez, que perdí por nocaut en el 8vo – remata, errando el dato del nocaut (fue en la segunda) pero dejando en claro el motivo de las cuatro peleas.

Una generación perdida

El éxito internacional de Monzón en los ´70 opacó tanto la carrera pugilística del santafesino en Argentina como a sus pares medianos de la década del ´60. Muchos recuerdan a Benvenutti, Griffithh, Boutier, Moyer, Nápoles, Valdez, pero pocos traen a su memoria a los luchadores que hicieron de la carrera de Monzón su comienzo y grandeza, como Alberto Massi, Antonio Aguilar, Andrés Antonio Selpa, Jorge Fernández, Avenamar Peralta, Carlos Alberto Salinas, Celedonio Lima y otros como Juan Carlos Rivero, Osvaldo Marino.

  • Usted hizo cuatro peleas con Antonio Aguilar, otro que le ganó a Monzón ¿qué recuerda de él?
  • “No le gané nunca, no le ganabas así nomás y en el Luna Park lo querían muy mucho. (…) Para colmo boxeaba, era un lujo pelear con el tipo, vos te cagás de risa, pero vos sabés el lujo, lo lindo que era pelear con él, era hermoso, te movías para cualquier lado y te dejaba en banda, te cagaba de bronca, era un tipo de calidad, peleé 4 veces con él yo”.

Lo cierto es que en esa década, en Argentina, se vivía un clima de efervescencia boxística, mucho público acompañaba tanto en el Luna Park como en canchas y clubes de las provincias y, como respuesta a ello, muchos boxeadores se daban cita en cada plaza del país. Eran épocas diferentes en las que el boxeo se organizaba diferente. El Luna Park comenzaba a ser administrado por Tito Lectoure y contaba con un gimnasio en el que se moldeaban las promesas.

Cuenta la anécdota que a Massi, tras seis peleas como profesional, lo invitó Lectoure a formar parte del Luna, aceptó y allí conoció a Don Carlos Irusta (padre), a quien le llevaba comida del bar donde trabajaba. Cuenta el propio Massi que el mandamás del Luna Park le cerró las puertas tras enterarse que hizo una pelea por fuera de su contrato.

Massi y tantos otros son trazos de un boceto que muestra una época inolvidable del boxeo argentino.

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