¿Adiós a las armas? A 1 año de la implementación de los acuerdos de la Habana, una reflexión desde la lejanía-cercanía: el Caso de Tumaco. (I)

¿Adiós a las armas? A 1 año de la implementación de los acuerdos de la Habana, una reflexión desde la lejanía-cercanía: el Caso de Tumaco. (I)[1]

 En la actualidad, el término guerrilla solo hace sentido en Cuba y Colombia.
(Darío Villamizar, 2017).

                Se cumple un año desde que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP) —y el Estado colombiano se comprometieron a terminar con más de 53 años de guerra,  hecho que busca acabar definitivamente con el proceso guerrillero que se abriera tras el triunfo de la revolución Cubana en 1959, y que durante los años 60’s, 70’s y 80’s inundó toda nuestra Patria Grande. Actualmente nos encontramos a un año de la implementación que terminó con la guerrilla más grande del continente, y que dejó sólo al Ejército de Liberación Nacional (ELN) con una actividad importante pero también en un proceso de negociaciones por la paz, razón por la que quisimos entender cómo se vive el postconflicto en el vecino país. Para eso nos sumergimos durante el año 2017 en uno de los territorios más golpeados por la guerra y también por el postconflicto: Tumaco. Allí entrevistamos y compartimos con diferentes agentes de la guerra: Campesinos, guerrilleros, ex guerrilleros, disidentes guerrilleros, agentes de seguridad, defensores de los DDHH, agentes gubernamentales y soldados del narcotráfico, para conocer e interpretar qué sucedió una vez las FARC-EP entregaron las armas. [2]

Tumaco, la Perla del Pacífico.

Desde el primer hasta el último día todo nuestro paso por Tumaco fue intenso. Desde cuando aterrizamos del avión y tuvimos que cambiar de ruta debido a que las bandas criminales (BACRIM) habían realizado un ajuste de cuentas contra un joven que se atrevió a desobedecerlos, hasta el último, cuando la policía nacional abrió fuego contra un grupo de campesinos agrupados en la Coordinadora Nacional de Cultivadores de Coca, Amapola y Marihuana (Coccam) que protestaban contra la erradicación forzada de la planta de coca dejando un saldo de 7 muertos y una veintena de heridos.

Lucha, desplazamientos, miedo y ese calor ‘berraco´ que se da en el pacífico colombiano fueron la constante, con un promedio de 30 grados con más del 90% de humedad, que quizás explique la demografía del lugar donde en un 90% es habitado por población afrodescendiente, un 6 % indígenas, representados en los pueblos Awa y Eperara Siapidara, y solo 4% de mestizos. Pero también un lugar donde la salsa nunca para de sonar, incluso en los días más tristes, y donde la alegría es el impulso vital de cientos de años de historia: ayer esclavos, hoy libres, ayer africanos hoy afrocolombianos.

Para nosotros fue un territorio que nos era profundamente ajeno, donde no aguantábamos el calor, la lluvia, ni los mosquitos y bichos que terminaron dejándonos con una importante anemia—digo esto consciente que el cuerpo juega un papel importante en las investigaciones sociales, en cómo nos disponemos a movernos por territorios que no son los nuestros, tan distintos desde la forma de hablar, caminar, el color de nuestra piel y las comidas que se hacían “Todo proceso de investigación está condicionado por la dimensión corpórea de quien lo lleva adelante”, dice Karina León Carvallo, y sobre todo esto toma relevancia cuando en muchas veredas donde estuvimos de la zona rural de Tumaco a los únicos “blancos” que conocían eran guerrilleros o paramilitares. Y claro, no puedo olvidar el  miedo que varias veces tuvimos y que demostramos -sobre todo cuando  la guerrillera nos interrogaba en su particular estilo militar o paramilitares que paraban la locomoción donde nos movilizábamos- que generaba desconfianza en la población o lo que era aún peor sobreprotección hacia nosotros y por lo tanto cierres en sus discursos a los que tanto nos importaba llegar.

El trabajo oficial, por el cual estábamos allá, constaba en apoyar a las comunidades negras afectadas por la guerra interna, pues Tumaco aparte de tener condiciones de vida por debajo de los indicadores promedios del resto de Colombia, llegando en algunas veredas rurales a estar en el 100% de pobreza según los indicadores multidimensionales (un dato, solo un baño de un mall de Cali, tenía más agua potable que todo Tumaco, siendo éste el segundo municipio con mayor extensión territorial de todo Colombia), era además uno de los tres municipios más afectados entre el enfrentamiento guerrillero y las tropas gubernamentales (incluidos los paramilitares), y en las perspectivas del postconflicto las cosas no parecían mejorar, durante el 2016 los asesinatos por muertes violentas habían crecido casi un 11% y un 23% en el 2017 en relación al 2015 cuando la guerrilla aún estaba en pleno combate, es decir existía más violencia sin la guerrilla de las FARC-EP que con ellas en el territorio.

Fue gracias a ese trabajo que pudimos estar el pasado año en Tumaco, y estando ahí aprovechamos de conocer e investigar, a buscar algunas respuestas, recorriendo las selvas, ríos y cordilleras, en reuniones con miembros del Partido Comunistas Clandestino de Colombia, con juventudes auto declaradas revolucionarias, conocimos a guerrilleros que en el día eran profesores de colegios y por las noches subían a la montaña con pasamontañas. También estuvimos con quienes más sufrieron la guerra y que a pesar de todo estaban dispuestos a perdonar. Nada fue más siniestro que los llamados ‘pájaros’ -que como en la película de Hitchcock- en cualquier momento estaban dispuestos a asesinar. Todo en un año que para el pueblo  Tumaquense era algo normal y cotidiano…. Continuará

 

[1] La reflexión que viene a continuación son parte de un artículo científico que se está desarrollando, pero estas entregas (que se esperan sean 3) responden a una necesidad de dar a conocer de forma más concreta la experiencia.

[2] Debemos comentar que por motivos de seguridad en muchas ocasiones las conversaciones no pudieron ser grabadas, y por lo tanto sólo se pudo registrar en nuestras notas de campo la información que obteníamos.  También es importante señalar que nuestro trabajo de lo desarrollamos al alero de programas que el gobierno chileno a través de la Agencia de Cooperación Sur-Sur del Ministerio del Exterior, que desarrolló como acompañamiento al proceso de paz, el programa llamado “Líderes Solidarios: profesionales voluntarios para el posconflicto” en conjunto con Fundación América Solidaria y la  Agencia de Cooperación Internacional Colombia, que tenía como objetivo principal “apoyar la construcción de paz en el territorio nacional con el objetivo de replicar las experiencias de desarrollo rural integral implementadas en Chile durante los últimos treinta años”.

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