ACUERDO DE PARÍS: ¿UN PACTO HISTÓRICO O UN MANUAL DE “BUENAS INTENCIONES”?

En 1971, un grupo de científicos, políticos e investigadores de más de treinta países, mejor conocidos como el Club de Roma, publicaron un libro que se titulaba “Los límites del crecimiento”. Allí se planteaba que el crecimiento económico no puede ser infinito por la sencilla razón de que posee dos límites claros: el agotamiento de los recursos naturales y la capacidad de la Tierra para absorber la contaminación. Cuarenta y cinco años después de esta publicación apenas puede decirse que las inquietudes y preocupaciones que derivaron en su redacción sólo han sido fortalecidas. El cambio climático ya no es un reto al que nos enfrentamos en un futuro indeterminado sino que está sucediendo en la actualidad con situaciones de extrema violencia y peligrosidad. Por esta misma razón el 22 de abril de este año, en una jornada histórica para la ONU, se acaba de firmar el Acuerdo de París suscrito por 175 países.

El cambio climático ya no es un reto al que nos enfrentamos en un futuro indeterminado sino que está sucediendo en la actualidad con situaciones de extrema violencia y peligrosidad.

Este pacto sin precedentes consiste en un fuerte mensaje político sobre la realidad ambiental y, en este sentido, puede describirse como un hito histórico en la lucha contra el calentamiento global. El documento recientemente firmado, que la Unión Europea había trasladado a la ONU en 2015, fija una meta genérica: la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero entre un 80% y un 95% en 2050 respecto a los niveles de 1990. Por otro lado se plantea la necesidad de limitar el aumento de las temperaturas globales a 2 grados Celsius (3,6 grados Fahrenheit) desde el comienzo de la industrialización. Por lo pronto en este acuerdo no se desarrolla un plan concreto para llevarlo a cabo, ni una ruta a seguir, ni un coste aproximado para llegar a dicho objetivo.

Esta ausencia de datos concretos genera fuertes cuestionamientos sobre la viabilidad de los compromisos asumidos. A esto se suma que el pacto entrará en vigor luego de que cincuenta y cinco países, que representen al menos el 55% de las emisiones de carbono, lo ratifiquen. Es decir que la responsabilidad de que el acuerdo pueda salir adelante está en manos de los países que más emisiones producen. En este escenario, los Estados más perjudicados seguirán asistiendo impotentes a las consecuencias drásticas que el calentamiento global está generando.

ROMPER LA DEPENDENCIA: NO HAY MAS CAMINO QUE EL DESARROLLO ECONÓMICO SUSTENTABLE

A diferencia de lo que sucedía hace tan solo unos años, hoy puede decirse que el horizonte renovable suscita un amplio consenso político. Si bien ese acuerdo comienza a disgregarse cuando se habla de plazos, costos y metas no deja de ser cierto que se trata de un gran punto de partida. Hablamos de un modelo de desarrollo actual de industrialización, de producción a gran escala, de aglomeración en grandes urbes y de consumo permanente de productos.

Todo este sistema aún sigue atado a lo que se conoce como “energías sucias”, combustibles que al generar energía emiten dióxido de carbono o CO2: petróleo, carbón y gas. La lucha contra el cambio climático está sujeta a la capacidad de romper con la dependencia de los combustibles fósiles y esto sólo será posible basando el sistema energético en energías renovables. La descarbonización de la economía es uno de los eslabones clave en esta cadena de causas que generan el calentamiento global. No hay más camino que el tránsito hacia un desarrollo económico sustentable.

Hablamos de un modelo de desarrollo actual de industrialización, de producción a gran escala, de aglomeración en grandes urbes y de consumo permanente de productos.

En síntesis, el Acuerdo de París firma un precedente de gran relevancia en la lucha contra el calentamiento global. El pacto es histórico ya que reconoce una amenaza concreta a la que se enfrenta la humanidad y señala metas a largo plazo para la reducción del carbono y la temperatura global. Sin embargo una de las grandes preocupaciones tiene que ver con la falta de criterios específicos, de tiempos y costos determinados y de responsabilidades nacionales concretas. Esto genera un marco de incertidumbre que por ahora no podrá ser subsanado. En un momento en el que se da una sensibilización muy significativa a nivel mundial acerca de la problemática del medio ambiente y también de sus vinculaciones con la mitigación de la pobreza es necesario plantearse el reto de lograr un desarrollo sostenible que enfrente integralmente las preocupaciones de la humanidad.

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