A los noventa no volvemos nunca más

 

Como en el 76 o como en el 89, la política en la Argentina toma un vuelco inesperado, pero el grueso de la calle solo sabe hacer alarde con numerología y futurología que poco se entiende. Una realidad marca al país dividido en dos, de un lado están aquellos que entienden que el gobierno “K” hizo mucho, y del otro lado, una mayoría, que parece no entender que la memoria también puede estar en las historias mínimas de una sociedad.

 

El día después de las elecciones me encontraba poderosamente mal, pero con la dulce sensación de que iba  a encontrarme con un viejo amigo, de esos amigos que uno los siente de verdad pero que poco pudo hacer uno por ellos.

Me iba a encontrar con Pantera. Pantera es un muchacho nacido en Lugano, hijo de madre soltera con cinco hijos más. A los 14 años dejó la escuela secundaria y se dedicó a tocar la guitarra y a laburar para ir a ver a Nueva Chicago, comprar instrumentos, ayudar a su mamá y sobre todas las cosas, comprar droga. Mucha droga.

Llegué a su departamento ubicado en algún lugar de Vicente Lopez, me abrió la puerta, me miró de arriba abajo y me dijo: “estás gordo hijo de puta”. Sí, le contesté mientras pasaba y ya de fondo escuchaba FiveFingerDeath Punch y lo que sonaba era RememberEverything. Pasá me dice, y mientras estoy entrando me ofrece una tarjeta de débito del banco Nación y una bolsa de dos gambas. Le agradezco y paso.

Drogas

Pantera empezó a fumar faso a los 13 años, a los 14 ya había tenido contacto con la cocaína, y para los 16  la variedad de estupefacientes dentro de su haber se elevaba a más de 24 drogas probadas y aprobadas.

-¿Te seguís drogando chabón?

P- ¿Quién no? Yo por lo menos me hago cargo, la gente careta que está ahí afuera se contamina todo el día con la tele mirando putos y trolas y nadie le dice nada. Yo acá hago la mía chabón, me chupan todos la pija, si total, nací en una vida de mierda, vivo en una vida de mierda, y seguro me voy a morir en una vida de mierda. Esto es así, ayer los veía preocupados a los “K” porque perdieron el poder y a los pelotudos de Macri festejando porque lo ganaron. Son todos iguales, son todos la misma mierda.

-¿Fumás mucho?

P- No puedo, te deja bolado. Y yo tengo que laburar, no puedo estar todo el día como un fantasma. En cambio, te tomás un lagarto, y quedás re pillo todo el día.

Miraba a Pantera con cara de asombro mientras observaba su casa, limpia, ordenada, todo en su lugar. Impecable. Antes de llegar cometí el error fatal de abrir juicio y pensar que me iba a encontrar con una cocina toda sucia, con platos sucios de tres días. Todo lo contrario, la cocinita del dos ambientes era similar a la de una tía fanática por la limpieza, ahí, en ese mismo lugar en donde Pantera estaba preparando mate.

Líneas de cocaína, también conocida como lagarto.

 

El trabajo

Un “Diler” de zona norte levanta entre mil y dos mil pesos por día. Pantera levanta menos.

-¿Cuánto ganás por día?

P- Vos no me venís a ver hace mil años y de repente querés saber un montón. Por día me puedo quedar con siete gambas (setecientos pesos). Pero es una re movida, te tenés que mover, tenés que estar pillo, no te podés dormir, tenés que pensar en la cana, en los otros mocosos que venden cualquier porquería, porque al fin y al cabo uno es un comerciante, y si no laburás bien te va mal.

A los quince años Pantera consiguió su primer trabajo, en una fábrica de cajas en Ciudadela, allá por el año noventa y ocho. Le pagaban quincenalmente la módica suma de ciento ochenta pesos, algo así como trescientos sesenta pesos por mes. Ahí trabajó algo más de un año y lo echaron por no ir a trabajar por una semana y no avisar. Se había ido de gira con una banda. A los dieciocho años entro a laburar como changarín en un local de ropa deportiva en Once, en donde lo tenían en negro y le pagaban doscientos noventa pesos por mes. Tiempo después se dedicó a los autos y le fue mejor, entró a laburar en un taller de bombas diesel en el barrio de Pompeya, donde se mantuvo por cinco años.

-¿Pensaste en cambiar de trabajo?

P- Si, un montón de veces, pero me es imposible, el alquiler me tiene los huevos al plato. Se me va toda la plata en las cuentas, y eso que gano bien, imagínate el  que labura por mucho menos y tiene tres pibes, se quiere matar. A mí me gustaría vivir de la música, grabar, grabar, grabar y grabar y salir de gira, eso me gustaría. Pero es imposible, en la calle te ven con una guitarra y se creen que sos un vago, que sos un jipi de mierda que no se baña y fuma porro todo el día. Yo hago metal papá!Y del bueno. No escuché a ningún violero hacer los solos de Fridman que hago yo.

Seguía sonando la misma banda de fondo, ahora sonaba “You”. Seguramente faltaba poco para que en la casa de Pantera comience a sonar una banda con la cual él se identifica, y sigue escuchando cuál adolescente de los noventa. Faltaba poco para que empiece a sonar: “Pantera”.

 Pantera fue una banda ícono del heavy metal de los noventa, conformada por Phil Anselmo, Rex Brown, Vinnie Paul y su gran violero DimebagDarrell, quien murió asesinado por un fan. A partir de ahí, y post depresión, Andrés, empezó a ser conocido como Pantera, “La Pantera de Lugano”.

 

 

 

 

 

 

Caía la tarde en Vicente López, y cuando cae la tarde llega la noche, y cuando llega la noche caen los clientes a la casa de Pantera. Los más fieles claro, los más antiguos. Suena el timbre y llega “El Ratón”. El Ratón va a la casa de Pantera una o dos veces al mes, depende de cuánto es el nivel de su “estrés” según él. Entra y me saluda, me reconoce, y dice mirando al techo: “Ves, son todos unos caretas, pero al final todos vuelven a la casa del Pantera”.

Luego de que Pantera vaya y vuelva a su habitación y discuta con el Ratón por la mercadería, al parecer el producto había bajado en cuanto a su calidad, pero no en cantidad, seguimos tomando mate y charlando de la vida.

P- Este Ratón es un hijo de mil putas, ¿sabes lo que hace? Labura en un banco careta, en el centro, donde laburan más contadores, igual que él, donde les exprimen el cerebro a más no poder. Y pensar que estos pelotudasos se creen más que yo, ganan quince lucas por mes y se la deliran en falopa para poder aguantar a sus miserable laburos y a sus miserables familias. Encima este Ratón de mierda me viene a comprar a mí para venderle a sus compañeritos.

El amor

-¿Y tu familia?

P- Prefiero no ver a mi familia, ellos están bien, yo los ayudé un montón, pero mi vieja se sigue volteando pelotudos que le chupan la guita. Por suerte mis hermanos están re bien, la más chica se está por recibir de Abogada (risas), un día de estos me va a tener que ir a sacar de la comisaría.

– Te preguntaba por tu otra familia, la tuya, la propia.

P- Ahí andan, me da vergüenza, igual ojo que les paso guita a los pibes, y a mi ex mujer le pagué las últimas vacaciones. Ella es una mina de fierro, una lástima que se enganchó con un hijo de puta como yo. Cuando la flaca me dejó la entendí, nosotros andábamos en la misma, pero a ella le pegó la llegada de nuestro primer hijo y decidió enderezarse. Ahora está embarazada, sale con un careta de Munro.

-¿Y cómo haces para salir con una mina?

P- Y, se complica. Las minas me duran un par de meses, hasta que no les puedo mentir más de donde saco la guita, y ahí es cuando de un día para el otro se borran. Y después están las faloperas, que me tocan timbre un día de semana a las cuatro de la mañana. Antes las hacía pasar y me las cogía, les daba media bolsa y después se iban, pero al final me cansé. Es como vivir una vida de mierda, de mentira. Por eso prefiero estar solo, con mi música, mis violas, y mis recuerdos. Ya no pienso en boludeces.

-¿Qué boludeces?

P- Esas, de tener una vida normal, de ir a comer a la casa de mis suegros, todo muy lindo, comprar un auto para irme quince días a Mar del Plata. Esas boludeces.

Pasadas las nueve de la noche Pantera empezó a contestar mas corto, utilizando menos palabras, como si prefiriera que la entrevista vaya llegando a su fin. Estimo que era porque tenía que salir, dicen que los dealer son como los vampiros, solo viven de noche, y yo empezaba a invadir su tiempo. Pantera miraba todo el tiempo el reloj de la cocinita donde estábamos charlando, de a ratos se iba a hablar por teléfono y volvía, me ofrecía algo para tomar, agarraba una de sus guitarras criollas y tocaba unos acordes del disco  Cowboys fromHell y me seguía dando de su tiempo.

La música

-¿Estás tocando?

P- La verdad que no, estoy medio podrido, con la última banda terminó todo mal, se creen todos estrellitas de rock y yo ya no estoy para eso, yo quiero tocar para divertirme. Ves, esa es mi verdadera droga, no esta porquería. Antes había más compromiso, el batero era batero, el bajista era bajista y así. Ahora son todos compositores, resulta que un batero me trajo una partitura que había armado con el guitar pro, y me dijo lo que yo tenía que tocar. Obviamente lo mandé a la mierda. Están todos pelotudos con Youtube, y toda esa verga.

En el año 2004 Pantera fue seleccionado para tocar en un disco de Claudio O´connor, ex cantante de Hermética, después empezó a trabajar con la música como cesionista. Le pagaban por hacer arreglos en discos. Pantera nunca estudió música, pero en el under se dice que es uno de los mejores guitarristas al momento de emplear la técnica de SweepPicking, una técnica muy usada en el mundo del power metal.

-¿Cómo te ves dentro de unos años?

P-Pará Majul! (risas) ni idea, creo que con este gobierno nuevo puedo volver a mi adolescencia, que por cierto fue una mierda.

– Entonces te interesa la política.

P-  Claro que me interesa, en suiza hubo ochenta años de socialismo, en donde solo se ponía guita para la educación y la comida, y acá los boludos se calientan porque a la gente le dan un plan social, son unos pelotudos, ¿te pensas que alguien quiere un plan social? Nadie lo quiere, pero son necesarios, sino como le das de comer a los que menos tienen, ¿Cómo mandás a los pibes al colegio? ¿Eh? Nadie tiene esas respuestas de mierda, ¿Qué quieren? ¿Que a los treinta y pico sean todos como yo? No creo que nadie quiera esto para su sociedad, pero lo van a tener si siguen jodiendo con el dólar, el auto, el viaje a Europa y la re concha de la lora. Yo me crié sin papá, viendo como mi vieja le pedía fiado al almacenero delante de todos, de esa humillación no te olvidas más loco, yo iba al colegio en Lugano y los pibes iban descalzos en pleno invierno, y te digo más, yo era uno de esos pibes. Pero es como decía mi abuelo, en la vida todo vuelve, y la recta de la vida no es más que un círculo, como dice La Renga: “el final es en donde partí”, y este es el otro lado del círculo, este es el final, ¿entendés? Se rompen el orto laburando, se quejan de todo, y al final de todo, sus hijitos y sus hijitas me vienen a comprar felicidad a mí.

 

 

Al terminar una cerveza que había destapado Pantera poco tiempo antes, le pedí que me abra, me dijo que abajo siempre estaba abierto, que vaya tranquilo, me abraza y me pide que vuelva, que no sea pelotudo, que si me da miedo ir a su casa que nos encontremos en el río, pero que no nos alejemos, porque eso es lo que viene me dice, el alejamiento. Salí del edificio y me dirigí a la estación del mitre de Vicente Lopez. Había quedado pasmado, no entendía como un amigo se encontraba en esa situación, como una persona de esas características puede ser tan peligrosa para la sociedad y a la vez tan sabia. Lo mucho que le podría aportar un pibe como Pantera a una escuela secundaria en donde muchos padecen los mismos problemas que el mismo padeció y sigue padeciendo. Tardé en volver a mi mundo real, tardé varios días en salir de ese departamento, aunque físicamente ya no me encontrara allí, me pregunto si la sociedad podrá salir alguna vez de ese departamento.

El reloj de la estación dice que el tren viene en 7 minutos. Del otro lado del andén hay chicos de entre quince y veinte años, pienso que les deparará la vida, pienso a quién le comprarán ese faso que se están fumando.

Viene el tren, de los nuevos, por suerte estos vienen con aire, no como los que viajábamos con Pantera cuando nos íbamos a ver a Malón.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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